30 agosto, 2016

Fuentes teóricas

autores

 

Los pensadores que figuran en el montaje gráfico, encima de estas líneas, son una expresiva representación de diversas tradiciones de pensamiento crítico de gran fuste y de las cuales hemos recibido, en distintas formas e intensidades, un valioso influjo. No obstante, en ningún caso representa esa panoplia un hermético elenco de fuentes que, juntas o por separado, puedan señalar nuestra filiación a ortodoxia teórica alguna; de forma que, los trabajos del Proyecto Nebraska, no podrían identificarse o encuadrarse en un fiel seguimiento de las enseñanzas de W. Benjamin, de F. Nietzsche, de K. Marx, de M. Foucault, de C. Lerena, de P. Bourdieu o cualquier otro autor.
Por otra parte, las diferencias metodológicas entre esos autores y, en general, entre las lecturas que han dejado un sedimento de ideas incorporado a nuestra forma de pensar son, además, importantes y bien conocidas. Si algo tienen en común nuestras fuentes teóricas de referencia, es decir, aquellos autores que nos hacen pensar en el sentido que aquí ha de detacarse, sería un mismo deseo de sospechar sobre las verdades que se erigieron como dominantes en su tiempo. Ejercieron una concienzuda genealogía del presente para desvelar las relaciones de poder que naturalizaron tales verdades, así como los mecanismos y dispositivos reguladores, las prácticas sociales e institucionales y todo tipo de invenciones que generan históricamente la vida social. Se dedicaron, en fin, a demoler los parapetos que obstaculizan el pensamiento y la acción radicalmente transformadora de la realidad. Las mejores aportaciones de las tradiciones críticas están disponibles para ser tomadas y ser usadas sin apego a cánones académicos, con libertad, pero siempre con el esfuerzo en producir nuevo conocimiento, que se apoya en el riguroso trabajo empírico, pero que impugna la banalidad, el academicismo y la complacencia con las apariencias de “lo dado” y establecido.
Por todo ello, en no pocas ocasiones hemos dicho que la teoría, cuando sirve a empresas intelectuales colegiadas, ha de ser como “un aire común” que se respira y ayuda a construir plataformas de pensamiento. No han de ser las teorías de las que nos valemos unos cuerpos cerrados y doctrinarios que proceden de tal o cual corriente o autor, sino que serían como una caja de herramientas, como un dúctil juego de llaves que nos permiten abrir diversas puertas. A esos útiles teóricos habremos, por tanto, de acudir para usarlos creativamente, según se adapten al análisis de los problemas que en cada momento estudiamos.

Cuatro tonosAsí ese poso, recurrentemente removido y disuelto (como oposición al esquematismo y a las clasificaciones epistemológicas) que hemos asimilado para ser puesto en acción de forma libre en nuestras indagaciones, ha dado lugar a matices, a visiones personales diferentes incluso dentro de interpretaciones generales puestas en común sobre los objetos de nuestras interesadas indagaciones (los dominios temáticos nebraskianos) e incluso aplicaciones diferenciadas de las mismas herramientas heurísticas (conceptos) que nosotros hemos ido construyendo.

La atmósfera teórica que se ha respirado en nuestro grupo es, claro está, algo creado por nosotros mismos y que ha requerido de una consciente y prolongada voluntad de conjugar el verbo compartir, también en los problemas u objetos de estudio y en los mismos intereses que emanan de las subjetividades que aspiramos a conducir y “educar” en el amistoso espacio del proyecto Nebraska y en vivas conexiones con el resto de la Federación Icaria.